Prólogo: durante el mundial literatura al mundial, ante el mundial, bajo el mundial, con el mundial, contra el mundial, del mundial, desde el mundial, en el mundial, entre el mundial, hacia el mundial, hasta el mundial, para el mundial, por el mundial, según el mundial, sin el mundial, so el mundial, sobre el mundial, tras el mundial.
lunes, 7 de julio de 2014
Obituario
Una vez jugué Trivium con Pepe contra Pancho y no sé quién más. Dimos paliza. Pepe conocía el largo de los brontosaurios; yo recordaba el nombre de Arthur C Clarke. Pepe sabía lo que era X y yo sabía lo que era K. (Mi memoria, como se ve, está en decadencia. También mi imaginación. Por suerte quedan cuatro años para recuperarme, así que no me echaré a morir. Sigo escribiendo.) Con esa victoria rotunda en el cuerpo enfrenté cada juego de Trivium que me tocó en suerte con solvencia y no sin algo de altivez. Hasta que un día jugué contra Federico, mi suegro, y me sentí como un, no sé, un Casillas post mundial de Brasil. Ana María, mi suegra, no quiso jugar, pero gritó desde el otro extremo de la casa que el padre de Angelina Jolie era John Voight, lo cual era cierto pero inválido. Ana, mi esposa, creo que tampoco jugó, pero esa tarde tal vez se haya decepcionado de mí. Por mi parte debo admitir que sentí que el Tirvium era un juego fallido, que cargaba sus preguntas hacia una época inalcanzable de tan anterior a mí, y que la miel es el endulzante que usaron los primitivos, aunque no sé para qué. Mi suegro sintió, en cambio, que el Trivium era un juego culto y avanzado y ecuánime (algo habré contestado bien, no recuerdo qué), y sobre todo sintió una alegría inmensa al recordar que el jugador de apodo Saeta Rubia era Di Stefano, a quien él había alcanzado a idolatrar. Nunca hubo revancha y ya no la va a haber.
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