sábado, 28 de junio de 2014

Delfos

Siempre he sido medio brujo pero aquí Daniel es testigo así que si no me creen pregúntenle a él. Chile iba cero todavía con Holanda; me giré hacia él y se lo dije: Chile no puede ganar el Mundial. No con una defensa tan baja, le dije, son muy bajos, mira lo bajos que son, no logran despejar ningún centro de cabeza, hay cachado, ¿no?, y en los corners, puta lo mismo, se cuelgan de los hombros de los holandeses, que no puedan cabecear, si no llego yo que no llegue nadie, pensarán, ¿no? Sí ¿no? Daniel, que sabe mucho de fútbol, me dio la razón, lo cual habla muy bien de él. A los 30 segundos llegó el cabezazo de Leroy Fer y Holanda se puso 1 a 0; después al final hubo otro gol también. Así que ya habiendo mostrado al mundo mis talentos ahora no tendría sentido ocultar mi visión de lo que ocurrirá en el partido de hoy, la tengo muy clara. Nos reuniremos con Ana y la Xime e Iván, y la Cristi y la Vale, y tal vez Nick en la esquina de Oster Farimagsgade con Gothersgade a las 4.30, queda poco más de una hora. Ana y yo querremos ir a la pantalla gigante de Islands Brygge pero la Xime se opondrá por el frío. Nosotros insistiremos. Comenzaremos a caminar hacia el puente Langebro. En el camino la Xime recibirá una llamada de alguna chilena (tal vez la Paula) que le propondrá un destinto alternativo. ¿Pero cachaste si habrá lugar para todos?, le preguntará la Ana y la Xime no sabrá responder, y yo me pondré muy nervioso. Nick le preguntará a Ana qué pasa, porque Nick no habla español, y Ana le dira lo que pasa es que ha surgido una nueva localidad en la cual observar el partido. Nick dirá oh. Mientras tanto yo contaré los minutos que pasan mientras estamos ahí detenidos entre los camiones y los materiales de construcción que rodean Norreport. Al final las minas querrán todas ir a la bodega (en danés dicen bodega para decir bar) que decía la Paula y Ana y yo nos tendremos que resignar, y como la que escuchó las direcciones es la Xime ya no podremos seguir a la Ana y eso, lo sabremos, no será una buena señal. Al poco rato estaremos perdidos. Alguien sacará un iPhone e intentará ubicar la bodega pero no la podrá encontrar, y yo miraré mi Samsung y veré que ya son las 5.03pm y que va todo muy mal. Entonces recordaré este momento en que estaba en la Kongelige Bibliotek con nostalgia (recordaré con nostalgia, quiero decir; aquí ahora mismo estoy la raja) y me lamentaré de haberla abandonado en contra de mi intuición, porque la conexión wifi funciona perfecto y siempre es posible encontrar un stream para ver a Chile ganar. Ya lo dije, se me salió: Chile le ganará a Brasil, le ganará 2-1, de hecho, pero antes nosotros -ya lo adivinaban ustedes también- nos seguimos perdiendo y equivocando y retrasando y mientras seguimos buscando la famosa bodega por entre los nombres en danés impronunciable (además de hermético) escuchamos gritos de júbilo que salen de ventanas que no vemos y no logramos descifrar qué equipo ha metido el gol (como son dos goles esta situación se repite). Llegamos justo en el entretiempo. No hay mesa. La Paula no está. Tengo que verlo de pie, en realidad en puntillas porque los daneses son muy altos (las danesas muy, pero muy ricas, lo digo en serio). Terminan los comerciales y entonces resumen las mejores jugadas y ahí me entero de que (o me entero que, nunca lo he sabido bien) los goles han sido de Sánchez y Vidal. Todo el segundo tiempo es un dolor de guata insufrible aguantando el marcador. Cuando Brasil anota (Fred, no Neymar) creo que me voy a desmayar. Después del pitazo final celebro tomándome una cerveza roja al seco y después me conecto de nuevo en un rincón del bar para recibir todos los saludos de ustedes. Sólo ahí les anuncio cómo le irá a México el domingo.

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