sábado, 14 de junio de 2014

Ayer en la tarde


Desde la ventana empañada del estudio, Enrique veía a Ricardo pelotear bajo la lluvia, esperando a que silbara la tetera. El balón se oía pesado, chocando contra la pared sus gajos pelados e interrumpiendo el ritmo pesado de la lluvia. El balón se escondía entre el agua, dejando la ridícula silueta de Ricardo moviéndose solitariamente como la sombra de un demonio chocarrero. 

   El té quedó listo. Enrique volvió al escritorio con su taza y retomó la lectura de un volumen empastado en terciopelo verde. Dio un sorbo y las palabras comenzaron a acallar la lluvia y el balón. Por un instante hubo silencio en el estudio de Enrique: Ricardo quieto como una figurita de plástico, la salida del sol, un punto y aparte; luego, la erupción del vidrio, las astillas junto a la tetera y los últimos dos botes del balón mojado sobre la alfombra como pasos de hipopótamo.

2 comentarios: