Por qué te cortaste el pelo así te ves ridículo, dijo Kate. Por el Rey, respondí yo. No es rey es Príncipe, dijo ella. No hablo del Príncipe hablo de Vidal, aclaré. Kate se quedó callada. Vidal Arturo, agregué. Kate dijo: ya, y después un rato: ¿va al mundial Chile también? Dije: claro, incluso lo puede ganar. Kate se rió. Y por qué es Príncipe y no Rey, le pregunté. Porque es hombre, intervino Ralph. Ah es por eso, dijo Kate. Ralph se explayó: si fuera mujer sería Reina; siendo hombre el título se prestaría a confusión; se queda mejor como Príncipe y así no hay problema. Como en la vida, gritó López (medio borracho). ¿A ver?, dijo Anna. Como en la vida, respondió López, el hombre depende de un título, la mujer no. Los hombres dependen del fútbol, se rió Kate. Hay hombres que sólo ven televisión, se rió Ralph. Hay hombres que hace justo esas dos cosas y ninguna otra más, se rió Anna. ¿Por qué sacas tu cuaderno?, le pregunté yo. Déjame que les leo algo, respondió Anna. Camilo fue el primer hombre que conocí al que no le gustaba el fútbol, leyó. Ni siquiera entendía las reglas del juego. En toda su vida jugó un único partido, a los cinco años, en un gimnasio de San Miguel: como todo lo que entonces sabía de fútbol venía de los resúmenes de goles en la tele, esa tarde se dedicó a correr en cualquier dirección celebrando goles inexistentes y saludando al público con alegría, enteramente desentendido de la pelota. Kate se rió. Ralph se rió. Anna se contagió también. ¿Sigues enamorada de Zambra?, le preguntó López muy serio (medio amargado). Ya ha pasado un año, dijo Kate. Ya mejor lo dejas, le dijo Ralph. Me he cortado el pelo en el momento justo, pensé yo, pero no se lo dije a nadie.
Lo obvio: Grande el texto, capital de Brasil=Brasilia, que rueden la pluma, los textos y el balón
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